martes, 31 de marzo de 2009

Cenizas de Ángel (Letra por Adanowsky)

¡Oh tú!
¿Por qué te fuiste tan pronto
preciosa ceniza pálida?
Sí, he llorado como un tonto
en tu urna metálica...
seguro estás mejor
en tu luz, más allá;
con tus alas de color
me dabas la eternidad
y es ahora donde estás.

¡Oh tú!
Invisible, sádico,
ya joven para siempre...
¡Dime! ¿eres un sabio consciente
en un disfraz angélico?
seguro estás mejor
en tu luz, más allá;
con tus alas de color
me dabas la eternidad
y es ahora donde estás.

¡Qué pena!
Terminó y hoy te olvido,
¡así es!, ¡así es!
lo sé...
así es como lo digo,
pero miento, tengo fe,
seguro estás mejor
en tu luz, más allá;
con tus alas de color
me dabas la eternidad
y es ahora donde estás.

domingo, 29 de marzo de 2009

Todo depende de uno...

“Ain't no way for me to love you , If you won't let me, It ain't no way for me to give you all you need, If you won't let me give all of me”, era la letra interpretada por Aretha Franklin y no pude hacer otra cosa más que pensar en ella, como si eso fuera algo nuevo, solo pude imaginar que así se sentía, tratando de que el niño necio con el que se casó reaccionara de una forma madura y tomara las desiciones correctas, pero estaba muy lejos de llegar a ver el fin de mis pendejadas, fui implacable.

Estaba sentado escuchando música con la mirada perdida, parecía que había pasado tanto tiempo desde aquel día que llegué y encontré la casa vacía, apenas serían dos meses, dos meses que sentí eternos, ahora todos los motivos que para mi eran validos al momento de la separación me parecían cuestionables y algunos hasta absurdos. Poco a poco fui descubriendo la responsabilidad que tuve en la locura de nuestro final, “todo depende de uno”, fue lo que me dijo el dueño del departamento cuando le entregué las llaves, esas palabras nunca las olvidaré, llegaron hasta el fondo de mi cerebro y en lugar de pensar en lo que me había hecho, comencé a pensar en lo que realmente dependía de mí, no me gustó en absoluto lo que encontré, sentí que paso a paso, lentamente y con precisión quirúrgica, cometí el error más grande de toda mi vida.

Realmente me equivoqué, es una pena para mí haberla perdido de esa manera y peor aún es saber que aunque ambos estamos involucrados en nuestro final, mi responsabilidad fue mayúscula, es verdad que no puedes regresar la cinta pero también es verdad que todas las cosas vuelven a ti, como consecuencias obviamente.Tengo que crecer, fue lo único que pensé en ese momento aún sin saber lo que eso implica con seguridad, apagué lo que quedaba de mi cigarrillo y solo pude esbozar una pequeña sonrisa antes de abandonar mi habitación al escuchar que Aretha comenzó a cantar: “...the moment I wake up, Before I put on my makeup, I say a little pray for you…”

Al final de cuentas ¿Dios mío, qué otra cosa puedo hacer?…

martes, 24 de marzo de 2009

Mediocre (Letra por Ximena Zariñana)...

Son las hojas que escribí ayer.
El lenguaje que quedo en tu piel.
Fue la tinta a toda intención
De dejarte lo que soy.
Y poco a poco Gano mi ocio.
Cuando veo ya no estas
Y me quede hasta el final.

Y me creí tan especial
Que ingenuo, mi torpeza.
Y me sentí tan esencial
Que ingenuo, mi vergüenza.
Me olvidaste por mi parte
Que mediocre.

Me encantaría escucharte hablar
Que elegancia hacerte sentir mal.
Solo quiero que quisieras hoy
Demostrarte lo que soy.
Y poco a poco
Gano mi odio.
No quisiste algo más
Y me quede hasta el final.

Y me creí tan especial
Que ingenuo, mi torpeza.
Y me sentí tan esencial
Que ingenuo, mi vergüenza.
Me olvidaste por mi parte
Que mediocre.

lunes, 23 de marzo de 2009

La despedida...

“Wake up, wake up dead man”, era lo que se escuchaba de fondo en el lugar ambientado por una rockola que tocaba aquella canción de una banda irlandesa muy conocida. Había decidido entrar ahí a beber una cerveza pero el sabor amargo y cierto sentimiento de desolación en el ambiente me obligaron súbitamente a huir de aquel bar. Afuera, una bocanada de aire fresco llenó mis pulmones, situación que remedié encendiendo un cigarrillo.

Era temprano todavía, no traía reloj desde aquel día en que de coraje me lo arranqué y lo avente contra la pared, pero calculé que serían entre seis y media y siete de la tarde, el sol se ocultaba y de la claridad del día solo quedaba esa luz entre azul y gris que no deja sombra en ningún lado. Un viejo y familiar sentimiento me recorrió desde el estomago hacia el pecho, no era la primera vez que sucedía, ese sentimiento me visitaba frecuentemente a la misma hora desde un domingo de octubre de hacía un poco más de veinte años, “angustia de separación”, fue lo que dijeron los psicólogos.

Era una tarde fría y parecía que la noche sería peor, sin embargo no me importaba, como casi nada lo hacía últimamente, me detuve en la tienda a comprar más cigarrillos, solo me quedaban dos y no serían suficientes para otra noche larga sin dormir como cualquier otra de los últimos siete meses. ¡Siete meses!; fue lo que pensé con asombro al sentir lo rápido que pasa el tiempo cuando nada parece tener sentido en tu vida. Encendí otro cigarrillo y me dirigí a casa.

Ya había obscurecido y el sentimiento de angustia me había abandonado igual que siempre al sentir el cobijo de la noche, dejando solo la tranquilidad aparente que se siente cuando te encuentras flotando en el limbo.

Al abrir la puerta del departamento sentí el aire tibio y enrarecido por el encierro de todo el día, por lo que entré directamente hasta la cocina y abrí la ventana un poco para que se ventilara. Era un departamento pequeño pero funcional para un matrimonio joven, consistía de dos recamaras, un baño completo, sala-comedor y la cocina, tenía vista hacia la calle pero lo que lo diferenciaba del resto era que se encontraba hasta arriba de un pequeño inmueble de tres pisos, por lo que contaba con una especie de patio donde se encontraba un área de lavado y los tendederos que había que compartir con el departamento de abajo. Ese patio fue lo que más nos gustó cuando fuimos a ver el departamento por primera vez, era fabuloso para organizar una pequeña parrillada, habían pasado ya casi tres años desde ese entonces.

Me dirigí a la habitación principal con el objetivo de ponerme cómodo, me quite la ropa y comencé a buscar un viejo pants que solía usar para dormir, sin embargo, algo llamó mi atención y volvió a mí de un solo golpe el sentimiento de angustia, pero esta vez acompañado de la sensación de un mal presentimiento, mi corazón se aceleró al notar que en el tocador faltaban cosas, se me secó la boca y frío y sutil sudor me recorrió el cuerpo al ver que faltaban las fotos de los portarretratos, la ansiedad me invadió, el vacío en mi estomago se tornó infinito recorriéndome hasta el pecho. Me apresure a abrir los cajones donde solía guardar su ropa, uno por uno los fui descubriendo vacíos, no pude más, las lágrimas me desbordaron y fue entonces que comprendí que finalmente ella se había ido.

“Siento no haber sido lo suficiente para mantener vivo en ti nuestro matrimonio, siento tantas y tantas cosas que nunca llegarás a comprender y que ya no tiene caso nombrar porque esos problemas ya son del pasado para mí, por ahora y a partir de este momento te arranco de mí, de mi vida, de mi alma y de mi ser… y lo único que nos queda es seguir en la búsqueda de la felicidad y del verdadero amor, el amor de verdad que ambos soñamos tener algún día y que ni yo te puedo dar ni tu me puedes dar… nunca quise abandonarte ni alejarme de ti pero siempre sentí o me hiciste sentir que me echabas de tu vida… y aún más al final… ha llegado la hora de decirnos adiós… te deseo buena suerte, hasta nunca mi amor, mi amor para siempre… como alguna vez me dijiste hace muchos años… estoy segura de que ambos tendremos un final feliz, esta vez no juntos pero feliz al fin y al cabo…”

Eso fue lo que decía la nota que había dejado en la mesa del pequeño desayunador que teníamos por comedor, por la cual rodaron algunas de mis lágrimas. Apagué todas las luces del departamento y me recosté en el sillón, no sabía que hacer, solo lloraba a obscuras, sintiendo coraje, odio, desesperación pero sobretodo una desolación interminable. El pasado nos había alcanzado con la furia de un tornado, por invitación nuestra y fui yo quien simplemente no pudo manejarlo. Después de siete meses de peleas y discusiones infernales que no llegaban a ningún lado, pasó lo que era inevitable, uno de los dos había encontrado finalmente el valor para alejarse.